jueves 27 de mayo de 2010

Texto y algunas de REINO DE ESTE MUNDO


 

 

Una épica desesperada


Cuando la actitud de las formas genera el caos, asistimos a una ceremonia del final. Cuando lo esencial encuentra a la violencia como su mejor aliado, el reino corre peligro. Un juego irónico en distancia, pero cercano en cuanto a presencia natural, no escoge mejor camino  que el del movimiento informe trasladado a personajes, posturas e historias en donde el propio sentido de estos va generando en imágenes, una épica desesperada de los mismos.

Este tratamiento visual que implica a la fuerza interior como un pilar obligatorio de las obras, es también base de una  narrativa descriptiva de los personajes que no remiten a una fuerza ancestral histórica, sino más bien a una fuerza animal biológica,  que busca nombrarse, con la mirada de quien sufre una suerte de desconexión racional a la hora de pintar, pero sin prescindir de claros referentes a ciertos maestros de la pintura mundial.

Los personajes que va creando  el artista también enuncian estados sociales donde la búsqueda de un antídoto para contrarrestar la barbarie no existe. Solo existe la visión  de un orbe que viene  gestando su propio y  perpetuo Apocalipsis,  y la vocación mínima  esta orientada hacia la construcción de un simbolismo contemporáneo ( el propio simbolismo del autor), mientras la estrechez de los espacios, el abigarrado y exaltado proceso de un sentir escatológico, toma relevancia en determinados tiempos y culturas pero que en el caso especifico de la pintura  de León Waller busca nuevas respuestas y nuevas construcciones iconográficas y estéticas, contribuyendo a ampliar la base de nuevos referentes al tema.

En lo que se  refiere a la capacidad narrativa de los 2 cuadros mayores donde se sostiene “Reino de este mundo”; esta se desdobla en dos ejes claros:  uno temporal y no espacial, en donde se explica el devenir de las acciones o sucesos;  y otro donde interviene la posición  desmesurada del artista para referirse a cuestiones de acercamiento cultural, de los personajes objetos y eventos. Posteriormente en los cuadros restantes de la exposición no encontramos lugar a una tensión reflexiva.

La potencia, la real potencia de estos personajes es su propia aparición en el mundo, su actualidad, el realismo en cuanto a estados de inconciencia de cada uno y como se relacionan entre si, ganando por otros lados un aspecto sacro y decadente, que no hace más que evidenciar el largo proceso del final hasta el momento en que la luz abandona la razón y se convierte en violencia pura. Esta violencia que desea expresarse mas que representarse conlleva a la suma de todos los movimientos, utilizando mecanismos  expresivo-expositivos de ver y oír  (atención al detalle sonoro de timbres femeninos en la instalación), como parte del imaginario estético antropológico que encubre una lectura donde el espacio expositivo cobra protagonismo.

Finalmente todo caos termina en silencio y la percepción de este completa un significado y un recorrido que nos hace escapar de lo cotidiano, esta salida atemporal es interesante, ya que con la muestra no nos ubicamos frente a un pintor de solo un lenguaje expresivo, sino a toda una explosión sensorial.


Martín Ugaz
Curador


Mayo del 2010